ANTONIO MEDRANO: LA LUCHA CON EL DRAGÓN

 

ANTONIO MEDRANO:

 

LA LUCHA CON EL DRAGÓN

 

 

 

 

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https://www.youtube.com/watch?v=pXERdj0RUJM

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EL APEGO / ZEN




El apego y la solución



EL DESAPEGO: LA CLAVE DE LA FELICIDAD

Esto también pasará ~ Enseñanza Zen



Máximas del Zen



¿Cómo dejar de pensar?



Música para dejar de pensar Y calmar la mente (DOS HORAS


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El compromiso sexual del hombre, marca de civilización

El compromiso sexual del hombre, marca de civilización

por Custodio Ballester Bielsa

“Parirás con dolor. Tu ansia te llevará a tu marido y él te dominará (Génesis 3,16)”. En mi empeño por explorar las causas ideológicas y sociológicas de la implantación-imposición del aborto que caracteriza al “progreso” que nos ha tocado padecer, redacté un artículo titulado “EL CONTRATO SEXUAL” con la idea de replicar “El Contrato Social” de Rousseau. Pero mientras lo tenía en la lista de espera (donde aún sigue) y lo releía para retocar algún matiz y redondearlo, caí en la cuenta de que la entrada al tema era demasiado brusca. Así que decidí que sería más comprensible si iba precedido de este otro que he titulado El compromiso sexual. Porque entiendo que justamente ahí está uno de los signos que caracterizan a cada civilización.

La naturaleza ha hecho el sexo de la mujer sumamente comprometido, de manera que para ella el acto sexual nunca empieza y termina en lo que el hombre llama “el sexo”, sino que viene de más atrás (de una especie de atracción distinta de la del hombre: más compleja). Y va mucho más allá: tiene como horizonte siempre posible la maternidad y por tanto lleva siempre consigo la carga de la maternidad. Tanto, que es finalmente el útero (hyster para los griegos), el núcleo de la vida, el epicentro del impulso de la mujer hacia el hombre. Furor uterinus llamaban los antiguos al deseo intenso de la mujer. Lo llamaban así porque es la manifestación ciega del deseo de concebir (que nace del útero y se manifiesta en los órganos de copulación). Así lo ha querido la naturaleza, no sólo en la especie humana; y así lo ha querido Dios.

Digamos pues que en la mujer el acto sexual es tal, que tiene por sí mismo la propiedad de empezar en la copulación (e incluso en el cortejo) y terminar en la lactancia, con una extensísima implicación temporal. Una propiedad que de ningún modo puede tener el acto sexual del hombre: que empieza y termina en la copulación. Y según la civilización de que se trate, la prolongación de la maternidad resultante puede afectar toda la vida de la mujer. A ésta, la implica la naturaleza en un dilatadísimo proceso secuencial a partir de la copulación. Al hombre en cambio, la naturaleza ni le ofrece ni le exige mayor implicación que el mero acto fecundador: tremendamente fugaz. Es la civilización la que le implica en la reproducción más allá de la fecundación. Por decirlo de una vez, en la mujer el sexo se sublima en la maternidad; y en el hombre se redime en la paternidad. Digo “se redime” porque le impone a la mujer una carga sexual para la que no está diseñada. Y de nuevo son las distintas culturas y civilizaciones las que determinan los distintos modos de imposición: refinados unos, y salvajes otros. Pero imposición.

En la naturaleza, la vinculación de lo que los hombres llamamos sexo a la reproducción es tal, que en las especies afines a la nuestra, la “licencia de copulación” de los machos se circunscribe a los ciclos reproductivos de la hembra. Es decir que, puesto que el sexo en la hembra es reproductivo, la naturaleza ha hecho que también lo sea el del macho: de modo que éste no tiene posibilidad de gozar del sexo fuera del ciclo reproductor, que es marcado por la hembra. Obviamente la actividad sexual del macho está supeditada a la demanda cíclica de la hembra.

Desde la perspectiva del tiempo y de los afanes meramente biológicos empleados en la reproducción, los de la hembra superan en miles de veces a los del macho. Éste apenas se emplea en la reproducción. Disfruta de la ración que le corresponde en el placer de la reproducción: lo que en nuestra terminología llamamos placer sexual. Y ahí acaba toda su contribución a la vida. Es evidente por tanto la absoluta intrascendencia que tiene el sexo para el macho (en nuestro caso, para el hombre; puesto que a él la práctica sexual no le trasciende, no le lleva más allá) comparada con la enorme trascendencia que tiene ese mismo acto sexual para la hembra (en nuestro caso, para la mujer: porque de él se sigue todo el proceso vital). El hecho de que éste no se siga de cada acto, no desdibuja en absoluto la relación entre sexo y reproducción.

¿Ha sido injusta la naturaleza en este reparto? ¿Se ha inclinado Dios más a favor del macho que de la hembra? Si examinamos la correlación del compromiso sexual entre el hombre y la mujer a través de los principios que rigen hoy en nuestra sociedad el rol que le corresponde a cada uno, es evidentísimo que tanto el feminismo como su derivada la ideología de género, le han reasignado al hombre el papel de zángano. Eso recibe el absurdo nombre de “sexo libre” (sin distinción de sexo), como si fuese lo mismo para la mujer que para el hombre.

Pero ésta es una tremenda extravagancia moderna que libera como nunca al hombre de cualquier compromiso relacionado con su actividad sexual, y deja sola a la mujer como en los peores momentos de la civilización: con las consecuencias de la actividad sexual de los dos, para ella sola.

En la naturaleza, tan diversa, hay de todo. Los casos más afines a nosotros, son los que muestran la vinculación de los machos al menos en la defensa y seguridad de las madres y sus crías: compromiso al que va ligada la “licencia de copulación” concedida por la hembra. Digamos que va en esta línea la relación mujer-hombre (solemos decir hombre-mujer) en la especie humana. Con una variación importante en nuestra especie, marcada por la esclavitud que se origina en nuestra expulsión del Paraíso: Comerás el pan con el sudor de tu frente, es el castigo del hombre; y el de la mujer, parirás con dolor, el deseo (obviamente de maternidad) te empujará hacia tu hombre, y él te esclavizará (Gn 3, 16).

¡Para qué vamos a andarnos con rodeos! El Génesis nos presenta el cuadro de la doble esclavitud: la del hombre al trabajo, y la de la mujer-madre al hombre. Observemos un dato absolutamente fundamental, que es la distribución de cargas por sexos. La carga del hombre es el trabajo; y la carga de la mujer es el sometimiento al hombre a causa de la maternidad. En el Génesis, la mujer no trabaja: quien se gana el pan con el sudor de su frente es el hombre. Y lo gana para él, para su mujer y para sus hijos. Es decir que en efecto, la situación es que ha esclavizado a su mujer, por la necesidad que ella siente de él; pero como todo señor respecto a sus esclavos, carga con la necesidad-obligación de su manutención. Ése es el reparto de cargas derivadas de la maternidad que impone el Génesis. ¿Estáis seguros de que ésta del Génesis no es la lección de antropología más brillante que tenemos a nuestro alcance? Es la antropología del hombre caído y de la pugna entre el bien y el mal, tan machaconamente negada por los que están empeñados en sostener que estamos inclinados únicamente a la bondad, de tal manera que no tienen ningún sentido ni la moral ni el concepto de pecado.

La manutención (y por supuesto la defensa) de la mujer y de los hijos es la contrapartida para el hombre, por el disfrute sexual de la mujer. En el estreno de la institución de la esclavitud (mejor regulada, por cierto, que muchas regulaciones y convenios de trabajo) era difícil pensar en otra fórmula de intercambio: el “compromiso” sexual a cambio del compromiso de manutención de la mujer y de los hijos. Es decir que incluso en régimen de esclavitud, la actividad sexual del hombre está vinculada a la reproducción mediante el compromiso de manutención de los hijos.

Cada civilización ha intentado resolver la implicación del hombre en la procreación, y todas, para salvar la esclavitud inicial, han recurrido a la fórmula del matrimonio: las variaciones entre distintas fórmulas son notables. La más exitosa fue la del cristianismo, cuya clave está en establecer una estrecha vinculación entre el sexo y el amor. Es la que dio lugar a lo que llamamos romanticismo.
¿Y qué nos trae la modernidad? Nos trae la liberación del hombre de todo compromiso (y por supuesto, también del amor). Es lo que llaman “progreso”. El objetivo es bien sencillo: liquidar la paternidad, y con ella la maternidad y el amor, destruyendo el compromiso matrimonial entre hombre y mujer. Porque como dice el feminismo, todos esos son lazos que esclavizan a la mujer. Y la mejor herramienta que han conseguido para ese objetivo, son el aborto y el infanticidio prenatal.

http://www.sacerdotesporlavida.es
FUENTE:
http://www.alertadigital.com/2017/04/09/el-compromiso-sexual-del-hombre-marca-de-civilizacion/

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ECKHART TOLLE – Miedo y soledad

ECKHART TOLLE – Miedo y soledad

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“El monaguillo Iglesias”

El monaguillo Iglesias
JUAN MANUEL DE PRADA – ABC – 18/03/17

Juan Manuel de Prada
· Iglesias vuelve a probar que es un lacayo de la infiltración denunciada por Unamuno.

Últimamente, Pablo Iglesias ha emprendido batalla contra la emisión de la misa en la televisión pública, que como todo el mundo sabe es una de las más crueles opresiones que se ejercen contra la «gente». Con Podemos ocurre siempre lo mismo: nos asegura que quiere acabar con los abusos de la plutocracia, pero resulta que a la hora de la verdad sólo quiere acabar con las capillas universitarias; nos hace pensar que viene a dinamitar el sometimiento de la política a la alta finanza, pero a la postre sólo dinamita la letra del padrenuestro; condena la utilización de los medios de comunicación para anestesiar las conciencias, pero se conforma con suprimir la misa televisada. Resulta, en verdad, llamativa esta obsesión antirreligiosa, que por lo demás comparte con todos los progres sistémicos, a izquierda y derecha.

Hace ya un siglo, Miguel de Unamuno escribía una diatriba contra esta obsesión antirreligiosa arraigada en ámbitos izquierdistas. A Unamuno le resultaba desquiciante que los semanarios socialistas dedicasen a ofender a los católicos «una buena parte de las columnas que deberían dedicar a combatir los abusos del capitalismo burgués». Y denunciaba que en las filas socialistas hubiese «fanáticos que prefieren un país sin religión alguna aunque bajo el más desenfrenado capitalismo y con la mayor desigualdad económica a un país socialista y religioso».

Frente a esta actitud fanática, Unamuno consideraba que «sólo la religión puede salvar el ideal socialista»; y afirmaba que «un sistema económico que, como el socialismo, exige la mayor abnegación, la supresión de todos los instintos egoístas, el mayor desarrollo del sentido del deber, se destruye a sí mismo si rechaza por principio la creencia en Dios y en la religión. Si efectivamente el socialismo pudiese tomar realidad hasta cierto punto, los hombres tendrían necesidad de ser sostenidos por su fe en Dios, por su fe religiosa».

Unamuno, en fin, consideraba que el «inextinguible anhelo de una vida trascendente» es el mejor acicate del que dispone el hombre para «dar conciencia y finalidad» a esta vida, para liberarla de las iniquidades de los «agiotistas» (o sea, los usureros y los especuladores). Unamuno concluía (y aquí es donde se mostraba más clarividente) que esta actitud antirreligiosa de los socialistas era consecuencia de la infiltración del «radicalismo internacionalista, el cientifismo pedantesco y el mamonismo».

Que es, exactamente, lo que ocurre en Podemos, una organización que esconde, bajo el aspaviento y la farfolla anticapitalista, una sumisión absoluta a los postulados de lo que Unamuno denominaba «mamonismo». Hace unos días, las fundaciones presididas por el especulador financiero Georges Soros hacían pública una lista de «aliados fiables» en el continente europeo entre los que, ¡oh sorpresa!, se hallaba Pablo Iglesias. En efecto, el radicalismo internacionalista sabe que el principal escollo para la imposición universal de sus designios es el anhelo de una vida trascendente que dé conciencia y finalidad a esta vida.

Pablo Iglesias, bajo el disfraz contestatario, vuelve a probarnos que es un lacayo de la infiltración denunciada hace un siglo por Unamuno. Y, como buen lacayo, sabe también que el hueco que deje la misa en la programación televisiva deberán ocuparlo –según acaba de proclamar– «contenidos que defiendan la diversidad y la educación sexual». O sea, exactamente lo mismo que defiende el catecismo mamonista de izquierdas y derechas.

Iglesias es, en fin, el monaguillo elegido por el mamonismo internacionalista para reconducir el descontento social de los españoles hacia su misa negra.

JUAN MANUEL DE PRADA – ABC – 18/03/17

FUENTE:
http://paralalibertad.org/el-monaguillo-iglesias/

Diario “ABC”, Madrid, 18 marzo 2017, pág. 15
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La lista de “aliados fiables” españoles de Soros en el Parlamento Europeo

Katehon.- El Open Society European Policy Institute y la red de la Open Society han publicado una lista con los parlamentarios del Parlamento Europeo propensos a apoyar los valores de la Open Society del multimillonario George Soros, bajo el título “Reliable allies in the European Parliament” [“Aliados fiables en el Parlamento Europeo”].

La lista incluye los nombres de 226 diputados (de un total de 751) “amigos” de Soros y de sus batallas globalistas, mundialistas y anti-soberanistas.

Todo el arco político, mundialista

Entre los 24 diputados españoles que aparecen en la lista, figuran parlamentarios de todo el arco político, desde partidos separatistas hasta el partido Popular, pasando por socialistas, de Ciudadanos, de Izquierda Unida o miembros de Podemos. Entre los nombres destacan los de Pablo Iglesias (Podemos), Elena Valenciano (PSOE), Santiago Fisas (PP), Javier Nart (Ciudadanos), Maite Pagazartundúa (UPyD), Javier Couso (IU), Juan Fernando López Aguilar (PSOE), Teresa Rodríguez (Podemos), Izaskun Bilbao (Partido Nacionalista Vasco), Jordi Sebastiá (Compromís), Josep Maria Terricabras (Esquerra Republicana de Catalunya), o Ramon Tremosa (Convergencia Democrática de Catalunya).

FUENTE:
http://www.alertadigital.com/2017/03/10/la-lista-de-aliados-fiables-espanoles-de-soros-en-el-parlamento-europeo/

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varios wideos 12 marh 2017

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Danuta “Touch my heart”

01—
Viejos Camaradas-Alte Kameraden ( sub- español(

02

2
Ich hatt einen Kameraden – Yo tenía un camarada


3
“Erika´´, marcha militar alemana con subtítulos en español.


4

Vor der Kaserne, Zehntausend Mann, Ein Heller und ein Batzen – Siegesfeier in Paris Juni 1940


Waffen SS and the Wehrmacht Das Deutschlandlied – Germany’s National Anthem


1945 Soviets vs Allied: Who Would Have Won?


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¿POR QUÉ DISNEY ODIA A LOS PADRES?

¿POR QUÉ DISNEY ODIA A LOS PADRES?
LUNES 13 SEPTIEMBRE 2010 ~ FABIAN VAZQUEZ
¿HAN ADVERTIDO QUE EN TODAS SUS PRODUCCIONES MATAN A PAPÁ Y A MAMÁ?

La semana pasada, con la lluvia azotando afuera, mi hija y yo nos preparamos para una tarde de nostalgia en la familia: la clase de situaciones que le dio éxito a las películas de Walt Disney; el estilo que ha dado a Disney una posición especial en nuestra casa. Para nosotros, ese nombre sugiere un mundo de valores familiares y tradiciones pasadas; un lugar donde, sin importar las adversidades que se enfrentan, el bien triunfará sobre el mal.

Las películas de Disney hablan a nuestro corazón y labran las vidas de nuestros niños con una sensación de seguridad, en un mundo incierto.

Toy Story 3

Toy Story 3: En la película, Andy, es criado por una madre soltera.

Y así fue; en ese día pasado por agua transitamos, riendo y llorando, nuestro camino a través de una tripleta de los favoritos de Disney: el hermoso Bambi que desgarra el corazón, el gloriosamente regio Rey León y el eternamente encantador Buscando a Nemo.

Pero más tarde, me di cuenta de algo más que es común a las películas de Disney, además del buen encanto nostálgico por aquellos años infantiles: La ausencia de los padres.

Bambi, abandonado por su padre antes de nacer; la experiencia de la cacería y el subsecuente disparo a su madre. Una tragedia que aún me provoca sollozos incontrolables, cuatro décadas después de que la vi por primera vez con mi propia madre.

Eso no es todo. En El Rey León, Simba está implicado en la muerte de su padre y huye en un vano intento de escapar de su miseria.

Por su parte Nemo —el pez rebelde— es el único sobreviviente del ataque violento de una barracuda a su madre y a sus hermanos, y transcurre gran parte de la historia distanciado de su padre.

El hecho de que estas tres películas giraban sobre la falta de los padres, me hizo dudar. ¿Es sólo una coincidencia?

Aparentemente no. Para Disney —la organización más identificada con lo infantil— parece haber algún problema con los padres.

Desde su formación en los años veinte, la producción de Disney ha ofrecido un suministro constante de familias desquiciadas y destrozadas.

Jungle Book

Huérfano: Mowgli al cuidado de Baloo en la película de Disney El libro de la selva 2

Dumbo, como Bambi, todavía devasta al público como el elefante bebé, huérfano de padre, que es separado de su madre después de que ella es presa de una aparente psicosis.

Los mininos en Los Aristogatos —la favorita de mi infancia— carecen también de padre. Ni Ariel (La Sirenita) ni Bella (La Bella y la Bestia) tienen madre.

Incluso más recientemente, los aficionados de todo el mundo se han deleitado en el tramo final de Toy Story, cuando Andy —el personaje principal de la película—es criado por una madre soltera.

No hay que preocuparse, sin embargo, por la ausencia total de su padre; la influencia masculina clave para Andy, es un vaquero de madera.

Y no sólo la producción de dibujos animados de Disney está sujeta a esta peculiaridad con respecto a los padres; lo mismo ocurre con sus programas de televisión en vivo y sus películas.

En el canal Disney TV, la popular Hannah Montana —interpretada por la precoz Miley Cyrus— aprende de su padre las reglas adolescentes, porque su madre está ausente sin aviso.

En la pantalla grande, Entrenando a Papá es la crónica de una niña de diez años de edad, que busca a su padre perdido después de la prematura —aunque no del todo imprevisible— desaparición de su madre.

Y la nominada al Grammy Encantada muestra a Giselle, una princesa Disney arquetípica, adaptándose a las condiciones severas de Nueva York como una niña sin madre.

En este punto de mi investigación, yo estaba cada vez más preocupada por la ausencia de modelos de conducta de los padres en el mundo de Walt Disney. Y había más.

Algunos personajes de Disney ni siquiera tiene la suerte de tener padres, y quedan huérfanos antes de completarse los créditos iniciales de la película.

Tarzán es un bebé abandonado en la selva tras el ataque despiadado de un leopardo a sus padres. Y ahí están Tod (El zorro y el sabueso) y Arthur en La espada en la piedra, librados a su suerte sin padres.

Dumbo

Sin padre: Dumbo devasta a la audiencia cuando se separa de su madre en la exitosa cinta de 1941.

Me pregunto, ¿es claro que la falta de los cuidados paternos en las producciones de Disney se utilizó como efecto dramático?

¿Esto fue así para darles a los protagonistas la oportunidad de enfrentarse a sus problemas personales sin la guía de un padre… o hay algo más que esto?

¿Podría la muerte de la madre de Walt Disney —y la culpa que le quedó a su hijo de por vida— ser el catalizador de la muerte de los padres en Disney?

En 1938, en la cúspide del éxito con el producto de su primera película de pantalla grande La Bella Durmiente, Walt compró a su madre, Flora, y a su padre, Elías, una casa de Los Ángeles como regalo por sus bodas de oro.

Pocos días después de mudarse, Flora se quejó de las temperaturas sofocantes procedente de la caldera de calefacción central, y su cariñoso hijo dispuso una rápida sustitución de la misma.

Días más tarde, Flora murió de asfixia como consecuencia de la mala instalación de la nueva caldera.

La desubicada culpa de Walt Disney sobre la muerte de su madre, ¿puede haberlo llevado a borrar a los padres —madres en particular— de sus obras?

Y esa motivación, después de su muerte en 1966, ¿se puede haber convertido en un sello particular de Disney?

Ciertamente, esto explicaría la clase de cuentos populares y de hadas que Disney ha seleccionado para su adaptación, habiendo otros numerosos cuentos tradicionales donde aparecen padre y madre.

Para ejemplo de esa selección, consideremos los dibujos animados Cenicienta (sin madre), Blancanieves (sin padre ni madre, sino con una madrastra malvada) y El libro de la selva (con el huérfano Mowgli, criado por un oso y un tigre).

Pero quizás lo más audaz en este sentido fue la adquisición de la épica Peter Pan de J.M. Barrie, en la que no sólo ese muchacho era responsable de una isla de huérfanos (Los Niños Perdidos), sino que la vida social de los padres de Wendy constantemente dejaba a sus hijos al cuidado del perro de la familia.

Hay una tercera forma de explicar el descuido aparente de Disney por los padres.

¿Podría la empresa —y sus producciones— ser un fiel reflejo de nuestra disparatada sociedad y de la desintegración evidente del núcleo familiar tradicional?

¿O será al revés? ¿Podría Disney haber jugado su papel en la desaparición de los valores familiares, ya que nosotros —y nuestros niños— hemos caído en este sano entretenimiento durante décadas?

¿Hemos asimilado inconscientemente esta desaparición de las figuras paternas de sus películas?

Sólo por eso, Disney debe ser acusado de no honrar el más sagrado de los vínculos: el de la madre y el padre con sus hijos.

Ahora, eso difícilmente sea entretenimiento familiar, ¿verdad?

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Visto en The Vigilant Citizen – Traducción de Radio Cristiandad
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FUENTE:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/09/13/%C2%BFpor-que-disney-odia-a-los-padres/

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